Pretendo hablar cada semana de lo
que me gusta, de lo que me hace sentir bien, y también de lo que no. Parto sin
pretensiones ni ideas preconcebidas, me voy a dejar llevar, y espero que mis cambios
de rumbo te resulten interesantes.
Leyendo la semana pasada a NICK
HORNBY, ALTA FIDELIDAD, me cruzo con
este comentario de su personaje principal, Rob Fleming, en una de sus páginas:
“Siempre dicen lo mismo. Siempre, siempre dicen que no tiene nada que ver con
otro. Me juego lo que quieras a que si Celia Johnson se hubiese largado con
Trevor Howard al final de Breve encuentro,
le habría dicho a su marido que no tenía nada que ver con ningún otro. Es la
primera ley del trauma romántico […]”. Habré visto la adaptación del libro de
Hornby, dirigida por Stephen Frears, unas cinco o seis veces y todavía me sigue
haciendo gracia: los actores trabajan muy bien y el guion es muy fresco. La
verdad es que el libro de Hornby se presta a convertirse en imágenes, pero no
todas las adaptaciones funcionan, sobre todo porque no siempre los guionistas
saben qué hacer con las historias ajenas. En este caso aconsejo la lectura del
libro, que ha sobrepasado la adolescencia y va a cumplir diecinueve añitos de
su publicación, y la película, que mantiene su desparpajo intacto después de catorce
desde su estreno.
BREVE ENCUENTRO (DAVID LEAN, 1945) es magistral. Contada en un
extenso flash-back, es de las
primeras películas que utiliza la voz en off en primera persona. Esconde una
historia de amor muy intensa entre Laura y Alec, ambos casados, y digo que
esconde porque está inmersa en la narrativa que se realizaba bajo el Código de Producción, o Código Hays, el tipo de censura del cine
estadounidense de aquella época, que se
extendió hasta la segunda mitad de los años sesenta. El código en cuestión
marcaba pautas que impedían mostrar besos o abrazos demasiados explícitos, que
un matrimonio durmiera en la misma cama o, por descontado, que una relación
extramarital apareciera en pantalla. Celia Johnson y Trevor Howard, los dos actores
protagonistas, consiguen que a través de las costuras del código nos golpee de
lleno la profundidad de su pasión. El vehículo que lo permite es la cuidada y
precisa puesta en escena de David Lean: a veces las limitaciones desarrollan la
creatividad, este es un claro ejemplo.
Que disfrutes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario