Hace unos días mi loquera, como bautizó una buena amiga a
mi psicóloga, me dio el alta. Como la pobre ha tenido trabajo para aburrir durante estos siete meses, y se
lo ha currado a conciencia, le regalé un libro en nuestra última sesión. A raíz de
ello he caído en la cuenta de que nunca he comentado nada, en este blog, de una
de las escritoras que más he leído, AMÉLIE NOTHOMB, así que aprovecho la ocasión
para hablar sobre COSMÉTICA DEL ENEMIGO
(Anagrama, 2003).
Lo habré regalado ya unas tres
veces, porque la Nothomb es de esas autoras que suele resultar interesante
para todo tipo de lectores. Su escritura es sencilla (exceptuando quizás su
primera novela, Higiene del asesino) y sus novelas son cortas, dos características
importantes si te decides a obsequiar a alguien con un libro. Además, tiene mucha
personalidad, es reconocible cuando la lees, y sus temas, así como el
tratamiento de los mismos, contienen puntos de vista muy originales.
A mí me ha encandilado durante años
y sus libros rara vez me dejan indiferente. He disfrutado mucho con
su autobiografía novelada, absurda y deslumbrante, que puedes descubrir en títulos como Estupor y temblores, Metafísica de los tubos o Ni de Eva ni de Adán, y también con sus relatos
de ficción, como este Cosmética del
enemigo. Su obra es interesante, muy rica y funciona a varios niveles: por
un lado, permite una lectura de entretenimiento, y, por otro, si profundizas,
te encuentras con una autora culta, reflexiva y de gran capacidad analítica.
Hace quince días hice un
comentario sobre Las partículas
elementales y dije que Houellebecq, aunque me fascina, es de esos autores
que no me atrevo a recomendar. Con Amélie Nothomb no tengo ese problema, es una escritora siempre sorprendente y aconsejo su lectura sin reservas.
Que disfrutes.
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