Se reconoce en la miseria del reflejo desenfocado de su casa. En el pelo
eterno que cae al suelo deseando escapar del cráneo sanguinario que los oprime.
En los cráteres de sus arrugas, en los ojos hundidos en la piel con la órbita distraída
y la mirada en marte. Pocos consiguen averiguar el color de los mismos, la
mirada aniquila almas con el vacío de centro.
Las piernas muertas, esclavas del cuerpo desgastado y seco, hace tiempo que
dejaron de prestar servicio. La casa de mil espejos esconde el cadáver, que
respira, de las visitas incomodas. En las putas sin factura y las mujeres
deshonestas encuentra el único consuelo que puede tener un fantasma, con el
baile insinuante y el cuerpo desvirgado ante él. No siempre fue así, no siempre
era un muerto. Aunque nadie le recuerda vivo.
Los viejos del vecindario cuentan que ya era viejo, los jóvenes confirman
lo dicho. Confundido con vampiro o zombi, siempre estaba a la sombra del mundo.
En el rincón donde los rayos no llegan y donde su piel fluorescente llama la
atención de los curiosos. Sobre la piel mal curtida de un sillón medieval
aguanta sin comida ni fuerza, esperando una visita que nunca llega.
Acostumbrado a los insultos que le trae el viento, las palabras que los vecinos
le regalan sin haber hablado con él, es un hombre arraigado en el asiento que
lo sujeta.
Dicen que en algún momento abre su puerta aunque no se le ve. Asoma su
calavera por el marco y observa la vida que hay fuera. Con las lágrimas en las
presas de sus bolsas susurra –aún queda tiempo por matar- y cierra la puerta,
volviendo al sillón que lo alimenta. Como Grey creen que tiene un pacto con el
tiempo o el diablo, como Drácula creen que es eterno, ninguno piensa en el como
hombre de mil años, aunque posiblemente los tenga.
Los hombres son eternos un periódico local escribió sobre él, a
los días el cuerpo sin alma del periodista fue hallado también sin cabeza. Bajo
su mano izquierda desde entonces dicen que descansan las ideas del mismo.
Una mujer rubia de treinta y nueve siglos, con los labios de negro y el
vestido ajustado bajo una capa infinita, entra las noches de treinta y uno por
la ventana de la cocina. No se oyen ruidos y escapa por la ventana del baño
diez minutos después. –Adiós querida- es siempre la misma despedida del viejo
encajado.
El secreto de su longevidad está siendo estudiado, nadie se explica cómo un
hombre puede adelantar tortugas como
quien adelanta mosquitos. Una logia eclesiástica ha querido quemar la casa de
vez en cuando lanzándose sobre ella con las antorchas encendidas, aunque en un
segundo toda la calle quedaba a oscuras. En el laberinto de su salón, entre
reflejos irregulares se esconde de los días y cree que así puede ganar a la
vida.
La luz intenta buscarle a las siete de la mañana y a lo largo del día, su
tez desgarbada y la barba de cinco años permanecen quietas en silencio
esperando no ser vistas. Otros días, algunos comentan que se ha visto como dos
pies corrían por la acera hasta meterse en una tubería o un callejón. El
desmontable, los niños así lo conocen, es cuanto menos el hombre más envidiado
de la calle.
Hoy es treinta y uno, estoy esperando a que llegue la mujer en la parte
trasera de una furgoneta aparcada en la puerta del viejo milenario. Dicen que
sabré quien es, que la reconoceré a la primera y que sea rápido, porque solo
uno consigue hablarla y seguir hablando. La misión que tengo es clara, disparar
rápido el flash y acelerar. Con suerte podré llegar a la autopista sin que me
vea.
Diario del señor Greg 31/1/14:
Los espejos están colocados, buena dirección la misma que en el cincuenta y
nueve. No se esperara este nuevo movimiento hacia atrás. Quedan quince minutos
para que venga, la luna empieza a teñirse, ya mismo está aquí. La raíz del
muslo empieza a molestar, mañana tengo que cortármela. Hay una furgoneta en la
puerta, lleva hay cinco días, se le habrá olvidado a alguien.
La calle esta en silencio, el espejo de la cocina me dará su primer reflejo. Desde ese momento en silencio
a sonreír y mirar, sus envestidas solo duran diez minutos, tengo más tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario