"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

martes, 31 de enero de 2012

2º Martes


Le entrada de esta semana comienza pidiendo perdón a todas aquellas personas que han mostrado su critica tanto a la extensión de los textos, como a las faltas de ortografía. Desde este, mi pequeño espacio ante todo GRACIAS. No solo nos seguís con atención, si no que os involucráis en vuestra medida en hacernos mejores escritores y por que no decirlo personas más cultas, se agradecen de corazón esos toques de atención y esperamos que podamos llegar a cumplir vuestras expectativas.

Yo tengo que decirles que sí, que todo es química. Cada vez que producimos un pensamiento, o tenemos una motivación, o experimentamos una emoción, siempre se trata de química. Sin embargo, es posible conocer todos y cada uno de los ingredientes de un pastel de chocolate, y que aún nos guste sentarnos y comerlo. De la misma manera, podemos conocer toda la química que hay detrás del amor romántico –todavía no la conocemos toda, pero estamos empezando a conocerla en parte- y aun así ser capaces de captar toda su enorme magia.
Helen Fisher, en una entrevista

No sabría decir porque, pero algo me incita a escribir sobre el amor, y a pesar de ir en contra de lo que muchos piensen, el amor es un tema siempre de moda, que siempre inquieta, y aunque se niegue raro es aquel que no ama. Podría indagar sobre lo que es, o cuantos tipos de amor existen, pero me decanto a pensar que es un destino o porque no decirlo por un culpable, ¿tal vez sea Cupido? ¿qué sabemos de Cupido? ¿es acaso el responsable del amor?

Cupido tiene su origen en la mitología romana ( Eros en la mitologia griega), es hijo de Venus, diosa del amor, la belleza y la fertilidad, y de Marte, dios de la guerra, su destino sin embargo fue criarse en el bosque , y aunque hermoso como su madre y audaz como su padre es incapaz de ser guiado por la razón, de este hecho desencadena la figura recurrente de un niños con flechas y arco ¿ es acaso eso el amor? ¿ nos enamoramos por sus flechas?¿ o nos enamoramos por un juego de un niño?

Las flechas de Cupido son las culpables del enamoramiento, lo que poca gente conoce es el sentido de sus flechas, unas de punta de oro para conceder el amor y otras de punta de plata para sembrar olvido, y la ingratitud de los corazones, ni los hombres ni los propios dioses son inmunes a las heridas de sus flechas, ¿ es él el culpable del desamor? ¿por qué no le enseñaron a jugar con sus flechas? La flecha de Cupido posee orígenes grecolatinos y tubo influencia en la poesía española, su plano más elevado esta relacionado con lo trascendente y Divino, muestra de ello es la narrativa de Santa Teresa de Jesús, en el que cuenta su trasverberación en presencia de Serafín.¿ no solo es amor terrenal? ¿ a caso puede conceder amor trascendental?

Lo sorprendente es la existencia de Anteros y Himeneo, los hermanos de Cupido. ¿Alguien conoce la existencia de Anteros?¿ y quién es Himeneo? Anteros es el dios del amor correspondido,la pasión, mientras que Cupido prueba que el amor no ve el merito o el desmerito de la persona a quien se dirige, ni sus defectos; Himeno es el dios del matrimonio, es el que aviva la pasión ¿ a caso deberíamos venerar a Anteros? ¿ por qué nadie se acuerda de Himeneo?


Será por que el amor en realidad no entiende de razón , no se busca lo correspondido o la pasión en el matrimonio feliz e idílico, lo que en realidad todos ansiamos es sin más amor. AMOR con mayúsculas, con risas y con lloros, con mariposas y olvidos, con decepción, con alegrías o simplemente amor.

«El amor no ve con los ojos, sino con el alma, y por eso pintan ciego al alado Cupido. Ni en la mente de Amor se ha registrado señal alguna de discernimiento. Alas sin ojos son emblema de imprudente premura, y a causa de ello se dice que el amor es un niño, porque en la elección yerra frecuentemente. Así como se ve a los niños traviesos infringir en los juegos sus juramentos, así el rapaz Amor es perjuro en todas partes.»
Sueño de una noche de verano. Acto I, Escena Primera. William Shakespeare

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