Sinopsis:
Al aproximarse el final del último curso, George (Freddie Highmore) ha conseguido completar casi todo su itinerario académico hasta el instituto sin haber realmente hecho el mínimo esfuerzo. Incluso en la clase de arte, la única asignatura que le interesa, se dedica a hacer garabatos en lugar de la tarea. A escasos meses de graduarse, pasa la mayor parte del tiempo solo, tallando vidrio en vez de hacer planes para el baile del instituto y dedicarse a buscar universidades. Entonces, presa de un impulso, carga con la culpa de una de las alumnas más guapas y populares del instituto, cuando ésta es sorprendida fumando en el tejado.
En correspondencia, Sally (Emma Roberts) le arrastra como un huracán al interior de su intenso mundo. Le invita a las fiestas de moda, le acompaña a galerías y museos, se va con él de pellas y acaba convirtiéndose en su mejor amiga. De forma casi inevitable, George, un chico del montón, descubre que se muere por los pedazos de la coqueta Sally, pero es incapaz de hallar el modo de hacerle saber sus sentimientos. Cuando cree haber encontrado un modelo de conducta en Dustin (Michael Angarano), antiguo alumno de su instituto y joven pintor de gran futuro al que conoce en el día de orientación académica, George comienza a imaginar una vida de artista, cuya musa sería Sally.
Sally proporciona a George un refugio donde cobijarse de la vulgaridad del instituto y de la incertidumbre del hogar, donde la situación existente entre su madre y su padrastro no es lo que parece. Entonces, con el final del último curso echándosele encima, George recibe un ultimátum del director (Blair Underwood): o completa en las siguientes tres semanas todas las tareas que no ha realizado en todo el año, o no se graduará. George no tarda en ver cuán rápidamente el mundo se viene abajo cuando uno ha perfeccionado el arte de ir tirando.
Crítica:
Menos mal que solo dura una hora y veinte minutos.
De la cantidad de miga que se puede sacar para hacer un filme del mundo adolescente elijen... ¡ninguna! Presentan situaciones y no las desarrollan. Es lo que todo guionista teme. No saber contar una historia como es debido. Y esta vez es una de esas en las que no se ha sabido contar.
La película presenta tramas tan interesantes partiendo de que un chico pasa de todo lo que ocurre a su alrededor: la relación entre su madre y su padrastro y el conflicto que este plantea en su familia, la relación entre los grupos sociales de un instituto, el primer amor, el conflicto con los profesores, el escape de los jóvenes a la fiesta en vez de a la reflexión y al entendimiento, que tu su mejor amigo le traicione, la evasión del protagonista en sus hobbies (en este caso el arte), la "tortura" psicológica de los exámenes y los deberes de fin de curso... para luego no contarte nada.
No es de extrañar que la llamen "el arte de pasar de todo" cuando los guionistas pasaron de la historia como de lamer arena.
No se supo explotar ninguna en condiciones. Quedando la historia resumida en "prometo mucho y luego nasty the plasty". Presento tramas y no las desarrollo.
El casting de actores tampoco prometía mucho. El que más prometía era Freddie Highmore (el chabalín de Arthur y los Minimois, o Charley y la Fábrica de Chocolate...) quien ya no es pitufo, ahora es un adolescente delgaducho bastante alto... con la cabeza de un pitufo. Su cara aun no ha llegado a la pubertad cuando el resto de su cuerpo sí. Pero no se lo tendremos en cuenta para una vez que sale de su papel encasillado de niño inocente de cara dulce que nunca ha roto un plato. Su personaje comienza siendo bastante interesante para luego acabar siendo bastante pedante hasta el momento en el que se le enciende la bombilla y decide ponerse a estudiar y a hacer todos los trabajos que no hizo durante el curso. (Por cierto es un crack estudiando un curso entero en menos de 2 minutos sin agobiarse ni sudando en ningún momento).
Junto a él 3 cuartos de lo mismo en cuanto a su compañera de reparto: Emma Roberts (hija de Eric Roberts y sobrina de Julia Roberts). Que simplemente está ahí para lucir su belleza y para nada más (como el resto de elementos de la película). Un personaje más frío que la piel de Victor Fries.
El espectador se queda ligeramente extrañado viendo que la familia del protagonista esta pasando por problemas económicos cuando tienen una casa-medio-mini-mansión en mitad de New York con unos muebles como los que debe tener Ana "Risa" Quintana. Casi antes del tercer acto del filme la incomprendida madre de George se ve obligada a vender su casa y sus muebles. (Teniendo esa casa no extraña que no pueda pagarla).
Si querían dar la imagen de la típica familia media New Yorkina poniéndole esa casa de muñecas iban mal encaminados.
Pero todo esto no es nada... ocurre lo mismo con todos y cada uno de los factores de la trama. Se reducen a NADA.
Esta película es una especie de "hola y adiós". El guionista sabía que esta película esta condenada al olvido antes de desarrollarla, asique se tuvo que preguntar a él mismo
"¿pá qué?" "si hay que hacer se hace... pero hacer lo pá ná... es tonteria". Ni se esforzó en dar al menos un mero entretenimiento sano de hora y media enfocándolo con pequeños toques de comedia. Ná de ná.
Esta película es un bonito plato de la foto de un menú de un restaurante que cuando lo pruebas descubres que es soso hasta decir basta. No es malo ni es bueno. Tampoco es para hacer un drama de este filme y ponerlo a caer un burro porque poco se puede contar de él. Simplemente es: insípido. Aunque se agradece ver a Freddie Highmore encaminar su carrera como actor de una manera más profesional que simplemente venderse por tener la cara bonita como en los casos de los niños marca Disney. (La cara bonita de un pitufo).
Ante esto solo se puede pedir al director y guionista: Gavin Wiesen que por favor solo se dedique a dirección.
Al menos acertó poniéndole ese título, pues pasó de estrujarse la cabeza en su guión y hace que el espectador pase del Arte de pasar de todo.
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Mariano José de Larra.
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