"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

viernes, 3 de febrero de 2012

Reflexiones en voz alta.


Siendo sincera, llevo horas dándole vueltas a cómo empezar esta entrada y al tema que voy a tratar, y no he sacado nada en claro… Bueno, miento. Hay una palabra que resalta sobre todas las demás y no sé por qué: tiempo.

¿Qué es el tiempo? Es una medida concebida para marcar nuestra existencia, para marcar el transcurso de nuestra vida sin desorientarnos ni perdernos en el intento. Ya sea un segundo, una hora o un año, el tiempo es aquello que hace que nuestra vida avance, aquello que nos dice que no podemos volver atrás, a X situación, a X momento.

¿Volver atrás, eh? ¿Cuántos de vosotros habéis deseado volver atrás para cambiar cierto pensamiento o cierta manera de actuar? Supongo que, si no lo habéis hecho todos, al menos la mayoría de los que leáis esto lo habréis querido alguna vez, habréis querido hacer las cosas de otra manera por miedo al qué dirán, a las repercusiones o, ¡qué sé yo!, incluso por miedo al sentimiento de culpa porque le hayamos podido hacer daño a alguien…

Culpa… Sí, hombre, ese sentimiento que hace que nos sintamos mal, tristes e incluso desamparados; ese sentimiento provocado por nuestra tan amada conciencia que hace que nos percatemos de que, quizás (o seguramente, dependiendo del grado de culpabilidad que esté presente en nuestras entrañas), le hayamos podido hacer daño a alguien, posiblemente a alguien a quien queramos o, al menos, que nos importe; ese sentimiento que hace que de nuestra boca salga una de las expresiones más duras de decir o, incluso, de oír para mucha gente: lo siento… ¿Ya sabéis de qué os hablo, no?

Pedir perdón… Algo que creo que nunca seré capaz de entender es por qué hay gente a la que le cuesta tanto decirlo, ponerse, por un momento, en la piel de la otra persona para ver qué ha podido sentir con nuestro acto o con nuestras palabras; ni por qué hay gente que lo dice tantas veces que hasta consigue que pierda el sentido… Creo que me centraré en la primera clase de personas.

Yo pienso que, cuando alguien te importa realmente y sabes, crees o intuyes que le has podido hacer daño, decir esas dos palabras mágicas no debería ser un problema. Con esto no pretendo insistir en el hecho de que esté bien decirlo por decir, no, me refiero a que, si haces daño a alguien a quien aprecias, ponerte, durante un instante, un minuto o dos de tu vida, en el lugar de esa otra persona para poder ver el daño que has causado e intentar remediarlo, no debería costarnos, debería salirnos de forma automática (y sí, hablo en primera persona del plural porque creo que aquí ni yo estoy libre de pecado). Un simple, o complejo, según se mire, lo siento, tras ponerse en esa situación, puede ayudar a que el sentimiento de culpa, del que más arriba he hablado, desaparezca; pero, además, puede significar un gran alivio, un gran “sentirse mejor”, para la otra persona, ya sea más comprendido, escuchado o, también, querido.

No sé si estoy desvariando, que será lo más probable, o no, pero, para acabar, quiero dejar claras dos cosas:

- Hagamos todos un esfuerzo por ponernos en el lugar de esa otra persona, por medir nuestras palabras o actos para evitar ese posible daño e, incluso, hagamos todos un esfuerzo por querer más y mejor a los de nuestro alrededor.

- Lo siento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario