"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

domingo, 12 de febrero de 2012

relatos parte 1

1. El niño estaba metido en la cama, entre las sábanas. Su padre estaba sentaba sentado, cerca de él. ¿Qué me vas a contar hoy, papá? Escucha, hijo, hoy voy a contarte la historia del cordero. “Érase una vez un corderito que paseaba por la pradera. Vivía retozando y jugando. Un día vio un gran tronco sostenido por unas rocas y lo quiso saltar. Saltó, pero el tronco estaba demasiado alto. El cordero se rompió una pata y yació durante largo tiempo ahí tirado, junto al tronco. Se puso a pensar, y llegó a la conclusión de que había hecho lo que había podido con lo que le había sido dado. Hizo las paces con su vida y esperó tranquilamente la muerte. Entonces, un zorro que pasaba por ahí se acercó y mordió al cordero en el cuello. Clavó sus fauces en la nuca del cordero y golpeó su cuerpo contra las rocas. El cordero gritó: a pesar de haber aceptado a la Muerte, se sentía inquieto y asustado; confuso. Sintió que él era dos corderos: uno que ya estaba muerto y enterrado, y otro que gritaba… Que gritaba…”

2. Un hombre abre la puerta de su habitación. Se sienta en un amplio y cómodo sofá frente a una enorme televisión de plasma. Está solo. Mira al aire y dice: “Me encantan los sábados: no hay nada que hacer. Me han diagnosticado una enfermedad muy curiosa: me paso cinco días a la semana con un sentimiento de rabia y cansancio. Me obliga a pasarme los días sentado, sin poder pensar claramente. Pero esta enfermedad tiene algo peculiar: dos días a la semana siento que desaparece. Como si se tomara libres los findes. Así me siento los viernes. El domingo, tras horas de total libertad y dominio de mis pensamientos, llego a la conclusión de que malgastaría mi vida de todas formas, aunque no me pasara nada.”

3. “¡Bienvenidos a la octava edición del Desfile Aéreo Nacional! ¡Esperamos que se lo estén pasando muy bien”, chillaron los altavoces. “¡Oh, aquí viene el primer escuadrón!” Clamor en la multitud mientras un ensordecedor estallido rompía el cielo. Se dibujó una bandera entre las nubes. “¡Contemplen a estos magníficos pájaros! ¡Si fuerais campesinos iraquíes así es como sonaría el morir!... ¡O el sobrevivir huyendo, levantándote cada noche y escapando, entre el fuego y la sangre, hacia algún refugio! Y… ¡oh! ¡Observen! ¡Aquí viene la escuadra del Museo Nacional!” Entre las nubes aparecieron docenas de aviones grandes, de metal, de color oscuro. Emitían un ruido ronco y continuo. ¡Escuchen! ¡ESCUCHEN! ¡Qué gran suerte estar hoy aquí! ¿Sienten ese sonido? ¡Aquel era el himno de la muerte en los cuarenta! ¡Y estos eran sus heraldos, bestias de metal y pesadilla!”

 4. - ¡Hola niños! Una mujer entra en el aula. Se queda de pie en frente al estrado, mirando hacia los alumnos. Saca una pistola de su bolso. ¡Tranquilos, tranquilos! No os asustéis… En realidad, es para mí… He dedicado a la enseñanza… Y si resulta que soy una mala profesora, que me equivoco… ¡Estaré mejor muerta! ¡No! – gritaron algunos- ¡No lo hagas!... ¡Tenemos muchos profes malos, no es tan terrible! La mujer meditó un momento mientras miraba a la pistola, que sostenía entre sus manos. Tenéis razón – la acercó a su sien-… Me he equivocado.

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