"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

domingo, 17 de junio de 2012

De la destrucción del Euro a la prohibición del Botellón

El día antes de irse a la ruina y provocar la archiconocida "crisis", el banco de inversión "Lehman Brothers" tenía una calificación de "AAA"; esto es, perfecta, un diez. Las mismas agencias que pusieron esas notas, y que hoy mismo tienen asignada una nota similar a la deuda estadounidense. Sí, a la yanki, a la de USA, el país más endeudado del mundo.

Está claro que el surrealismo es ya absoluto. Los mismos que provocan las quiebras y la ruina de Estados al completo se forran y dictan leyes a gobiernos comprados para hacerse inmunes legalmente. Para que la especulación y el monopolio sean completamente legales. Ya no son un cáncer para el Sistema; son el Sistema. Ya no se concibe la economía sin especulación ni monopolio. 

Todo esto comenzó un lejano día de 1981. El 5 de agosto de 1981, para ser exactos, el Estado del Bienestar perdió. La clase media pasó a la decadencia. Las élites adineradas comenzaron a vencer en la balanza de poder y a acabar sistemáticamente con todo intento de reparto equitativo de los recursos.
El 5 de agosto de 1981 Ronald Reagan, entonces presidente de EEUU, declaró ilegal el sindicato de controladores aéreos (¿os suena?). Aprovechando una huelga y apelando a su desprestigio e ineficiencia ("los sindicatos no representan a los trabajadores") logró su ilegalización.

Ese día ganaron ellos y perdieron todos los demás.

Cuando se decretó la prohibición de la organización obrera, los trabajadores temieron por su empleo, y volvieron al trabajo.
Quizá hoy el mundo sería muy distinto si entonces se hubieran levantado y le hubieran dicho algo como "no, no nos iremos a trabajar; tenemos derecho a defender nuestro bienestar laboral".
No lo hicieron.
Entonces comenzó la destrucción de un sistema social que había llevado décadas y un esfuerzo humano gigantesco desarrollar.
Hubo un tiempo allí, antes de aquel negro día, en que un obrero podía mantener con su sueldo a su familia, con madre y dos hijos. Trabajando ocho horas, cinco días a la semana, con vacaciones pagadas. Pero esto acabó. Los derechos han de defenderse constantemente, son una lucha eterna; ceder en un momento significa perder décadas de progreso.
Y así las empresas lograron recortes en salario y aumentos en horas de trabajo mediante la amenaza: si los sindicatos no aceptaban, las empresas trasladarían sus factorías a ultramar, donde era más barato producir. Donde podían explotar a gusto a los trabajadores.
Muchos cedieron, claro. "Mejor trabajar peor que quedarse en el paro", pensarían. Quizá no fuera mejor, porque las empresas trasladaron las plantas de producción de todas formas. Y los dejaron a todos en el paro.
Tras unos pocos años de política neoliberal, ya no bastaba para mantener una familia de clase media con que uno de los padres; ahora tenían que emplearse ambos, en varios trabajos, al máximo horario legal, por menos sueldo que antes, con menos prestaciones que antes, con una jubilación atrasada, con menos pensión...

Pero eso allí ha terminado. Han ganado. Hoy Estados Unidos es un país de pobres y de ultrarricos. La clase media se está diluyendo. Desaparece.


Aquí aún está por decidirse.

La presión de las agencias financieras sobre la deuda española y de otros países ha desestabilizado a la Unión Europea. Ahora la gente ve a la Unión como un instrumento de opresión económica y política alemana.
Los medios han conseguido su objetivo.
Está claro que a ningún especulador le conviene ver un Estado unido y poderoso, casi autosuficiente, como sería la Unión Europea. A raíz de esto han surgido una serie de movimientos, algunos engañosamente "populares", "de izquierda", que pretenden la total disgregación de la Unión, y que los países se queden solos frente al mercado.

Pero esta no es una guerra que pueda ganar alguien solo.

Y aquí estamos hoy, en España, con más de un cuarto de la población activa parada. Con una "clase política" incipiente, sustentada en el nepotismo y la obediencia a "los mercados" (esto es, los grandes bancos de inversión). Dirigidos por una especie de pseudo-aristocracia que ya compone cerca del diez por ciento de la población (450.000 políticos en España para 47 millones de habitantes es más o menos la proporción de nobles que había en el Antiguo Régimen).
Y que todo sea "por los mercados".

Nos quedaremos en el paro por los mercados. Sin sanidad por los mercados. Sin educación por los mercados. Sin jubilación por los mercados. Sin Estado por los mercados. Sin elecciones por los mercados. Sin sindicatos por los mercados. Sin dignidad por los mercados. Sin humanidad por los mercados. Seremos animales por los mercados.

Y no importará, pues así al final tendremos trabajo, por gracia de los nobilísimos "mercados", que nos harán el enorme favor de concedernos crédito.

Eso claro cuando ya sea obligatorio hacernos trabajar hasta que nos muramos y que nos incineren en la misma oficina para ahorrar tiempo y espacio.


Lo mejor es que luego la gente pone el grito en el cielo.
Y NO es porque tengan que trabajar diez horas al día toda la semana. O porque los padres tengan que pluriemplearse y dejar a sus hijos solos. No es porque griten por su DERECHO a trabajar.
Es por los goles de la Eurocopa.

O mejor, porque sus hijos se emborrachan y se drogan.
Que, por cierto, a partir del 17 de julio, cobrarán un mínimo de quinientos euros por beber en la vía pública, y la multa no podrá evadirse por asistencia  a cursos de reducación.
Antes de prohibir, quizá cabría preguntarse por qué necesitamos beber. Por qué preferimos estar borrachos.

Pero claro, hay preguntas muy incómodas.

Y además, tenemos que estar sobrios; que ser eficientes. A una persona vaga y enajenada del Sistema no se la puede explotar convenientemente.



Yo ya he perdido la fe. Yo creo que ya han ganado.
Pero también creo otra cosa: la historia avanza. No importa lo que suceda. Hay progreso en la Historia.
Si tengo que creer algo, creo en eso.

Sé que hace cien años, sucedió exactamente lo mismo.
Cuando los derechos laborales estaban en su esplendor, la derrota del Imperio Alemán (el PRIMER Estado del Bienestar de toda la historia) en la I Guerra Mundial, la crisis de 1929, provocaron el final de una época, y el comienzo de los recortes en todo tipo de derechos.
Esto culminaría con la derrota de las potencias fascistas (incluida una Alemania que en nada recordaba a la de la I GM) y el ascenso de dos bloques de superpotencias: el capitalista y el comunista.
El miedo al socialismo llevaría a la aplicación de políticas sociales. Su desaparición, dio motivos a la banca y a la élite para dejar de mirar por la gente y empezar a mirar sólo por su bolsillo.

Hoy no sé que ocurrirá.
Pero sé que si destruyen el Estado del Bienestar será porque la gente se lo merece. Porque se quedaron callados mientras destruían sus derechos.
Mientras el Estado recortaba 10.000 millones sanidad y educación y 100.000 MILLONES de euros salían de España a paraísos fiscales.
Mientras los jueces supremos vetan los cargos que se les imputan a ellos mismos por corrupción. Mientras se corrompe todo el Sistema, de arriba a abajo; la corrupción comienza a sustentarlo, empieza a ser EL Sistema; y a la democracia la sustituye una votación por el que mejor servirá "a los mercados".
Mientras destruían su forma de vida, se callaron.

La vida NO es para los que se quedan quietos y en silencio.

Para eso ya estamos los muertos.



Dicebant

No hay comentarios:

Publicar un comentario