No soporto Madrid.
No hay un por qué para un recuerdo, llega así, sin avisar. Pasas por una esquina, el marco de una casa, una habitación abierta, y aparece. Un torrente de desconcierto te invade, un sentimiento te presiona el pecho, necesitas soltar recuerdos a través de suspiros.
Y te agobias. Agitas la cabeza fuerte, de lado a lado para borrarlo, como si pudieras conseguirlo, tragas saliva y piensas en mil cosas a la vez, en busca de una más fácil de digerir, y qué suerte, porque normalmente funciona.
Pero hay cada recuerdo tan egoísta...
No se marcha, y evitas pisar, pensar y escuchar cualquier situación, conversación e incluso canción que te evoque el más mínimo regocijo por la memoria. Huyes, dejas de escuchar, te centras en conversaciones vanas... Y así, hasta que parece que podrás evitarlo toda la vida, aun sabiendo que este tipo de recuerdos no son fáciles, ya sean risas, lágrimas o simplemente una caricia en la mejilla, no se olvidan.
Así que ¿un consejo? Aprende a vivir con ellos, recuerda, sonríe, incluso si duelen o dan alegría, los has vivido ¿no?, te has reído y has llorado, has sentido, no lo evites, disfrútalo.
Rolling in the deep.
Mire.
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