"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

jueves, 6 de noviembre de 2014

DISTIMIARIO



Volví tan emocionado de ver la película BOYHOOD (RICHARD LINKLATER, 2013), que en el fin de semana posterior vi cuatro películas más de este director. He intentado así subsanar la desgracia de que Linklater no formara parte de mi vida. ¿Cómo es posible que no conociera ninguno de sus filmes? Debe ser por mi manera anárquica y desordenada de aproximarme al cine y la literatura: los autores aparecen casualmente y sólo suelo insistir, si me gusta el primer acercamiento. En este caso, la fortuna no cayó de mi lado.
Ahora, después del atracón, me siento cinco películas más inteligente, como si fueran escalones que lleven al conocimiento, y es que Linklater te impregna de su sabiduría sobre la vida, de un modo profundo.
Una conocida mía dice que esta película no es una película, es un milagro. Creo que tiene razón.

Recuerdo cuando mis amigos y yo, de jóvenes, catalogábamos la música que escuchábamos como de peor calidad, cuando repetía elementos que ya habían aparecido en otras obras de sus autores. Con el tiempo me he dado cuenta de lo equivocado de mi apreciación, porque he ido descubriendo que lo único que hacemos en la vida es volver y volver a reflexionar sobre los temas que realmente son trascendentes para nosotros. Y así es como debe ser, profundizando cada vez más, haciendo un análisis más sutil, afinando la búsqueda, porque los temas realmente importantes son importantes para siempre.

La película nos habla de cómo transitamos por la vida, de nuestras búsquedas a ciegas, de la dificultad de saber qué es lo esencial y de que por mucho espacio vital que recorran los que nos han precedido, tenemos que caminar ese espacio, por nuestra cuenta, de igual manera.
Linklater, además, lo plantea con una propuesta cinematográfica sorprendente: un rodaje durante doce años, en el que el equipo  se iba reuniendo unas cuantas semanas cada año para proseguir con el proyecto. El resultado es extraordinario porque las elipsis son reales, en cuanto a la fisonomía de los actores, y eso hace más creíble lo que se nos está narrando. Aún así, yo no centraría el elogio de la película en esta cuestión, sino en lo que el director, en definitiva, nos cuenta a través de sus imágenes: nuestra vida que discurre.

Que disfrutes.

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