Ahora, después del atracón, me
siento cinco películas más inteligente, como si fueran escalones que lleven al
conocimiento, y es que Linklater te impregna de su sabiduría sobre la vida, de un
modo profundo.
Una conocida mía dice que esta película no es una película, es un milagro. Creo que tiene razón.
Una conocida mía dice que esta película no es una película, es un milagro. Creo que tiene razón.
Recuerdo cuando mis amigos y yo,
de jóvenes, catalogábamos la música que escuchábamos como de peor calidad,
cuando repetía elementos que ya habían aparecido en otras obras de sus autores.
Con el tiempo me he dado cuenta de lo equivocado de mi apreciación, porque he
ido descubriendo que lo único que hacemos en la vida es volver y volver a reflexionar
sobre los temas que realmente son trascendentes para nosotros. Y así es como
debe ser, profundizando cada vez más, haciendo un análisis más sutil, afinando
la búsqueda, porque los temas realmente importantes son importantes para
siempre.
La película nos habla de cómo
transitamos por la vida, de nuestras búsquedas a ciegas, de la dificultad de saber
qué es lo esencial y de que por mucho espacio vital que recorran los que nos
han precedido, tenemos que caminar ese espacio, por nuestra cuenta, de igual
manera.
Linklater, además, lo plantea con
una propuesta cinematográfica sorprendente: un rodaje durante doce años, en el
que el equipo se iba reuniendo unas
cuantas semanas cada año para proseguir con el proyecto. El resultado es
extraordinario porque las elipsis son reales, en cuanto a la fisonomía de los
actores, y eso hace más creíble lo que se nos está narrando. Aún así, yo no
centraría el elogio de la película en esta cuestión, sino en lo que el director,
en definitiva, nos cuenta a través de sus imágenes: nuestra vida que discurre.
Que disfrutes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario