"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

domingo, 22 de abril de 2012

A los que pierden


Piensan los vencidos que el tiempo les valdrá alguna victoria. Y existe en algún lugar de su imaginación algo que les hace creer que no son ellos los que pierden.

La Victoria es la justa madre de los derrotados, sus gestos de piedad o compasión son causa de impotencia y envidia. La constancia en la derrota obliga a la mente a inventar excusas: se pierde porque las normas están mal, porque los que juzgan están ciegos; la victoria puede ser mala, a veces, y la derrota buena. En algún lugar de su imaginación está en los vencidos la convicción de que no son ellos los que han perdido, de que no se merecen ese agrio y vomitivo ardor en el cerebro.
Tú, el que pierde,
tal vez quieras creer que los breviarios de los vencidos son mucho más sublimes y trágicos que los de los que ganan. Que sepas que la derrota sólo conmueve a los derrotados. Los vencidos sólo logran apelar a los vencidos.
quizá pienses firmemente que la historia la hacen los que ganan, pero también los que pierden. Los que ganan, ganan todo lo que hay por ganar. Los que pierden no tienen nada.
seguro que crees que con lamentos de perdedor se llega a algún lugar. Las lágrimas son sublimes en la pantalla, no en tu cara; las emociones son algo de libros y películas, y ridículas cuando son tuyas, siempre. Piensas que ser patético sirve de algo.
Al mundo le da igual lo que piensas, a nadie le importa lo que crees; menos aún lo que piensan y creen los que pierden.


La impotencia y la rabia se mezclan con la envidia. Sueñas que ganas y sólo en tus sueños ganan los que pierden y pierden los que te ganan.
Pero incluso los sueños te abandonarán. El podrido trapo de ilusiones que tapa tus ojos también se cansará de tus tristes ideas. Hasta los sueños se suicidarán por no tener que aguantarte. Ellos saben que son el legítimo patrimonio de los que te ganan.
Los recuerdos son benévolos con el vencido. Por pura sugestión, pasado el suficiente tiempo, ninguna derrota parece tan terrible, tan aplastante: se pierden las dimensiones de la realidad. El que gana no necesita recuerdos: la eterna realidad es su santuario, y los penosos derrotados son sus trofeos.
El que gana no necesita saber por qué gana. Al que pierde le va la vida en saber por qué ha perdido. El que pierde ha de rendirse a la reflexión, ha de rendirse frente al frenesí del tiempo, que exige vivir sin pensar, y que se ha encargado de que a lo único que lleve el pensamiento sea a la Muerte. Allí es donde llegan todos los derrotados. Allí es donde van todos los perdedores. Los que ganan son inmortales: la Muerte es algo que sólo existe para los que piensan en ella. El mayor trofeo de la Victoria es la inercia de la vida, la Vida en sí misma: no hay nada que pensar, han ganado a la Muerte.


Al final llegará la apatía. No serás diferente: creerás que lo eres. Pero para ti eso es suficiente.
El tiempo lo único que da es lo merecido a los que ganan, y la certeza de la derrota a los vencidos. El pasado es un alucinógeno que te hará creer que eres mejor, y que la derrota pasa. Quizá la derrota pase, pero no pasa el perdedor. A tu realidad la consumirá el pasado, que te hará ver el presente con mejores ojos, aunque el mundo sepa ver lo patética que es, y arderá el futuro en tus sueños y en tus entrañas; el futuro, que sólo sirve al hombre que no ya es nada para asegurarle que será menos.

Termino honrando a la Verdad; a Ella, la eterna vencida. Ella, que vive en las palabras que nadie se atreve a decir, y nadie oiría aunque se dijeran, las cosas que nadie ve, y el mundo ignoraría si las supiera, en todo esos sentimientos e ideas que sabes que son siempre ridículos y estúpidos, siempre absurdos, que sé que nunca son tuyos.
A este muerto infame Ella lo conmueve, y yo sé algo que es cierto:

sólo aprende el hombre que pierde.



                                                                                                                             Dicebant

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