Aquel majestuoso día llegó
cuando ninguno tenia ya fuerzas para levantar la espada y las
lágrimas se escurrían entre las heridas, los enemigos parecían más
y mejores preparados, atacaban organizados sembrando el pánico entre
nuestros defensores. El Sol con más fuerza brilló en lo alto del
cielo y entendimos que era nuestro momento que no conseguiríamos
nada si ahora fallábamos, nosotros comenzamos nuestra revolución
particular y si caíamos en el campo se
acababa todo.
Al frente teníamos, tan
solo, un ideal nos autocalificabamos de demócratas y queríamos que
eso fuera la justicia de todos. No dejar que nadie sea más que lo
que uno es. Pero los ideales no dirigen soldados, están
bien para soñar y tener un motivo por el que morir, pero igualmente
no dirigen soldados. Ninguno estábamos lo suficientemente preparados
como para asumir una responsabilidad tan grande y si alguno lo estaba
se le callaba. En la democracia también hay censura aunque no se
crea.
Encerrados por
nuestros adversarios todos creíamos allí que íbamos
a caer uno tras otro que la voz que tanto defendíamos,
nuestra voz, iba a ser aplastada y nadie sabría de ella nunca más.
Tan solo habíamos cumplido un delito por ahora, nosotros soñábamos
y eso hace mucho daño a los que con un pueblo sumiso se sienten más
cómodos. Unos
llorando se entregaban, con tal de que no les hicieran daño, nos los
culpo. Otros atacaban a la desesperada o intentaban salir corriendo,
pasadas 2 horas solo quedábamos
unos pocos centenares entre las calles. Lo dábamos todo por perdido
pero seguíamos
allí, pasase lo que pasase seria mejor que lo que tenemos, nada.
Se rompían
como hilos nuestras esperanzas al ver al que teníamos a nuestra
derecha ser arrastrado por los enemigos, los apoyos del pueblo con
los que antes contábamos se fueron por falta de unidad, no defiendo
un movimiento autocracia
pero si un movimiento dirigido. Que la gente necesita un líder
es elemental y que defender su ausencia es dar el poder a lo que por
naturaleza lo son. Y desde el rincón donde apenas la luz llegaba
salió ella, no nos dijo
nombre, vino vestida de libertad si así la bautizamos. Sin nada que
perder nos alzamos a un grito unisono y silencioso. Un grito mudo y
eficaz, ahora el miedo hacía que ellos retrocedieran a cada paso que
nosotros dábamos.
En sus ojos podía ver la incertidumbre, nadie había
hecho lo que nosotros ir hacia ellos en vez de escondernos, no se si
el mejor ataque es una buena defensa o si una buena defensa es un
buen ataque, pero se que si yo caigo ellos también caerán.
Entendí ahora
que la vida iba en serio. No vencimos, es lo cierto, pero le dimos
una esperanza o almenos un halo de ella a las futuras generaciones.
La batalla más importante
por la cual guerrear esta aun por llegar y cuando sea el momento,
como hizo con nosotros, el Sol con más fuerza brillara.
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