Estando al borde, volvió la cabeza al
suelo: había pasado por allí muchas veces. Había estado allí toda una vida, y
nunca le había parecido estar tan lejos de algo. Toda una eternidad lo separaba
del frío suelo.
El único paso que no iba a ser un
error, iba a darlo. Lo único que haría y que estaba seguro que no llegaría
saber nunca que fue ridículo. Aquello era simplemente sublime.
Oyó una voz. Estaba seguro de que
estaba solo. Escuchó que le hablaba:
- Ya sé que es patético seguir aquí,
pero igual de penoso y triste es matar a algo que no entiendes.-Una voz que al
principio le pareció extraña, y luego creyó recordar que siempre había estado
ahí.
- Entender es lo que me tiene aquí.
-Dijo con una voz ajena, vacía.
- Quizá. Pero entender y no entender
son cosas que están aquí. Da un paso más y despídete de nada que entender o
dejar de entender.
- Precisamente eso lo que quiero. El
silencio.
- El silencio es silencio porque hay
un ruido que te hace oír qué es el silencio. Si no hay ruido, lo único que hay
es un vacío que no es nada. El silencio es. Da un paso más y tú dejarás de ser.
- No veo por qué eso habría de
importarle a nadie.
- Hay muchos a quienes les importa. Y
lo sabes.
- Tal vez. Pero no me importa a mí. Y
aunque me importara. Ya es todo un absurdo. Querer algo, tenerlo y matarse,
otra locura más.
- Ya sé que piensas que estar y no
estar es igual. Que hacer y dejar de hacer es todo uno y lo mismo. Al final no
importa, es verdad; pero el final es siempre en pasado. El pasado es un error
del tiempo. Y todo es absurdo, pero más patético que ser algo absurdo y abocado
a tirarte es ser algo absurdo y abocado a tirarse que se pone a razonar
lógicamente por qué habría de tirarse.
Un silencio siguió a sus palabras. El que estaba junto al vacío
sintió que ya contestar o callar era lo mismo, pero que a veces hay que los
motivos hay que buscarlos para no hacer las cosas: cuando lo piensas, no los
hay. Como tampoco hay más que excusas para hacer lo que sea.
- Para qué voy ya a decir nada. Con
las palabras comienza todo. Y si nada empezara, no habría ningún final que
lamentar...
- El mal no está hecho para ser
evitado. Todo lo malo del mundo no se ha creado para que pueda, simplemente,
evadirse. Nada bueno existiría sin algo malo que le diera razón de ser. No
esperes un camino sin piedras. Ni lo desees.
- Si la vida es un camino es porque
alguien ya lo ha recorrido; ya ha estado allá donde sea que llegues. Y porque
todos saben a dónde lleva.
- Nadie sabe a dónde va.
- Donde sea. Lo prefiero a esto.
- ¿A esto qué? Seguro que toda esta
metafísica tiene una causa tan tonta como cualquier otra. Hay motivos para
vivir, y los hay para morir. No pretendas que el tuyo sea muy superior al del
hombre que vive su vida y muere en la cama, tras décadas de esfuerzo y trabajo.
- Sí, ese feliz conformismo... Una
muerte horrible también es morir en la cama, sedado, exprimido, recordando a
duras penas tu nombre. Con el consuelo de la memoria de una vida que soñabas
haber vivido. Morir siendo un estorbo. Es como si todas las personas que has
conocido te aplaudieran mientras caminas a la Muerte. Una Muerte marcada por el
mundo. El camino es camino porque está señalado, y nada escapa; nada fuera.
Al olvido pasan unos demasiado rápido
y sin querer, sumidos en el terror o la inconciencia de una falsedad prematura;
otros, agarrados de miedo a las sábanas y a los años, a los despojos de
ilusiones del recuerdo de una vida inventada, mientras a su carne y a sus
sueños los desgarra el mazazo de la muerte. Y otros van caminando,
preguntándose si hay cosas que nacen póstumas, si la única patria del alma es
acaso la verdad del olvido.
No creas que me pesa irme así, sin
despedirme: me pesa pensar que los hay que morirán porque nadie llorará por
ellos y que dejaría yo morir a lo que sea que aquí queda por que nadie me
llorara
- Tal vez. Pero olvidas al absurdo.
No hay razones, sólo excusas. Busca un motivo para vivir como cualquier otro; o
para morir, que es lo mismo. O no lo busques. Y si lo encuentras, aunque sea el
más grande, la vida es absurda y lo es más. Aún tú aquí, con el suelo y la
eternidad vacía a tus pies, y con toda esa genial razón de tu parte, no eres
más que un fragmento de locura. Bájate, porque la irrealidad desafía la lógica,
y el tiempo es siempre lógico. Las Leyes que nos rigen no valen de anda frente
al absurdo. Y tú podrías ser el absurdo más grande que haya jamás existido.
- No pedí serlo, ni pretendo desafiar
a la Muerte.
- El mismo nacer y vivir es un
desafío a la Muerte.
- Yo nací póstumo.
- Yo te veo vivo.
- Mis sueños han muerto.
- Los sueños son un capricho
pasajero.
- El hombre sin sueños ya está
muerto.
- El hombre sin sueños es un hombre
sin miedo.
- ¿Y qué era Alonso Quijano sin Don
Quijote? Un viejo moribundo, postrado. Algo penoso. Su mismo pasado le lloraba
al contemplarlo. Le lloraba porque ya estaba muerto.
- Sólo los vivos se pueden permitir
llorar por un loco patético.
- Apenas he vivido yo, y ya creo que
no he vivido nada. Y ya creo que de la vida sólo se puede hablar en pasado.
- El pasado es un invento. Es una duda.
Nada más que un trapo deshilachado de vidas que crees haber vivido.
- Si el tiempo que ha pasado supiera
cuánto lo he querido, se procuraría un alma sólo para llorarme cuando me haya
matado.
- ¿Cuando te hayas matado tú o cuando
te haya matado el tiempo?
- Es lo mismo.
- No, no es lo mismo. Eres tú quien
hace y deshace. Es cierto que nacemos y vivimos condicionados, pero eso no
significa que no tengas nada de libertad. Tú eres algo debajo. Quítate ese
traje de humano que llevas y sigue habiendo algo debajo.
Hacer y no hacer no es lo mismo.
Haber hecho y soñar con haber sido valiente no es lo mismo. Vivir y morir son
cosas distintas. Y lo sabes. Lo peor es que lo sabes. Sabes que no es todo más
que una tontería, como una pataleta tremendista.
Tengo razón, y sé que estás seguro de
que así es. De que desde el momento en que des el paso hasta el final, no harás
más que arrepentirte. Arrepentirte de todo. Arrepentirte de no haber vivido.
- Yo sólo quiero llorar en paz. Por
ese pobre Amor que nació muerto. Por ese sueño de Flor y Amor que nunca
floreció. Pensar que puedes olvidar a alguien así... Eso es como tratar de
recordar a quien nunca conociste.
- Vaya... A veces pienso que el Amor
es lo más importante aquí. Y a veces pienso que es lo único importante.
Adelante, desaparece si quieres.
Vete. Eres como el tiempo odioso, que se fue y se lo lleva todo; un siempre
"fue" que nunca "es".
- El hombre sólo odia un poco más de
lo que ama a lo que odia. Yo quise al tiempo. Pero es un traidor. Al principio
lo dejé hacer, y le dije que por favor me matara al final.
- Eres despreciable. Vete ya. No te
arrepientas de no haber entendido jamás que el Tiempo, y el Recuerdo, y la
Muerte, y los Sueños, sólo existen a veces.
- Si yo lo único que quiero es
matarme ya, y olvidarme ya de todo esto.
De que se fue como yo lo haré,
sin despedirse.
Se hizo el silencio.
Miró entonces el que estaba junto al
vacío a su alrededor: la luz estaba apagada, y allí no había nadie.
Miró al infinito: la distancia entre
el piso del taburete y el suelo era muy poca. La soga se revelaba ahora una
tira de tela débil, que seguro se rompería al forzarla.
Qué tontería estaba haciendo.
Estaba cansado. Le pesaba el cuerpo.
Dejó al fin que lo inundara el sueño.
Largo como era cayó sobre plumas y tela. Cerró los ojos.
Siempre se sueña al dormir, lo que
ocurre es que casi nunca se recuerda nada. Y si se recuerda, no es más que una
parcela de memoria, despreciable frente a la enorme extensión del sueño.
En lo sueños es todo momento, y el
final nunca es importante.
Es la de los sueños una Ley que no es
del Tiempo; una Ley que siempre de "es", nunca de"fue"; ni de "será".
Son los sueños un vasto velo, y la
realidad nada más que un fino desgarro, que puede ser curado.
Dicebant
No hay comentarios:
Publicar un comentario