"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

sábado, 19 de mayo de 2012

La degeneración de San Isidro

Las fiestas de San Isidro son tradición en la capital madrileña de España. Por costumbre las familias acudían a la verbena de la pradera situada en el barrio de Carabanchel vestidas de chulapos y chulapas a disfrutar bailando chotis, montando en las atracciones feriantes y realizar otras actividades tradicionales como tomar churros, o hacer cola para beber el agua del Santo, entre otras.

Recuerdo que cuando era yo todavía un niño, la monja que nos enseñaba clase de dinámica (una asignatura sacada de la manga por parte del grupo de religiosas que llevaban el colegio), nos hacía ponernos en fila a todos los niños del aula de pie, e iba uno a uno preguntando una cuestión por cabeza sobre las fiestas e historia del patrón de la capital.
"¿Cuándo se celebra San Isidro? ¿Dónde? ¿Cuál es el nombre de su mujer? ¿Cuál es el instrumento clásico que suena durante las canciones tradicionales? ¿Cuántos milagros realizó? ¿Cuáles fueron?..."
Y nosotros nerviosos contestábamos a su interrogatorio (casi policíaco) intentando no fallar ni una pregunta para que nuestra vejiga no nos hiciera una mala jugada por el miedo que teníamos a dicha monja. Sabíamos que si fallábamos cobraríamos una colleja o la humillación por parte de la hermana delante de nuestros compañeros por nuestra torpeza y falta de conocimientos sobre el Santo.
Todos niños y niñas de la clase no teníamos ni la más remota idea de por qué nos sometía a dicho interrogatorio... Y ahora que ya soy (algo) mayorcito (sobre todo a lo ancho) os aseguro que no se me han olvidado ninguna de las respuestas y la historia del patrón de Madrid:
"15 de Mayo, la Pradera de San Isidro, Santa María de la Cabeza, el organillo, chotis, realizó tres milagros: rescatar a su hijo de un pozo, conseguir que los ángeles bajaran del cielo y araran el campo por él y multiplicar el número de gramos de pienso de sus sacos para dar de comer a los pájaros, etc..."
Ahora si le preguntamos a un chaval o chavala que se encuentre por las calles de Madrid cuya edad vacile entre los 10 y 18 años (físicos, mentales son menos) la inmensa mayoría no sabría que responder ni a la mitad de las preguntas.
"Pos que...  a ver... se hacen el 15 de Mayo y que... al lao de campo del Atleti... y pos eso... que se hace botellón y ponen una feria."

Estas afirmaciones nos llevan a la conclusión de que las actividades tradicionales de las fiestas de San Isidro se están perdiendo. Tan solo las realizan aquellos que sienten devoción por la tradición. Dejando atrás lo "gracioso" que resulta encontrarse con unas señoras (que de jovencitas no tienen nada) vestidas de chulapas en mitad de la marea de los cacharros coloridos (cuya música es más latina que madrileña) acompañando a sus nietas malcriadas a montarse en un tren de la bruja. Solo aquellos que conocen la tradición son los que las realizan, mientras que las nuevas generaciones (las mejor preparadas, según equivocadamente dicen) van a la Pradera de San Isidro a instalarse al lado del tanatorio, en el césped, a consumir y observar como otros miembros de la manada consumen hectolitros de alcohol u otras sustancias de cuyo nombre no quiero acordarme.
No es por ponerme en plan facha... (aunque es cierto que ya no vemos la diferencia entre respetar tradiciones y sentirse orgulloso de nuestro país con ser afín a cierta ideología, sea de izquierdas, derechas o diagonales)... pero es preocupante ir a la Pradera de San Isidro y ver a miles de jóvenes realizando el rito de invocación al dios del pedo. Cuya mayoría no es ni siquiera madrileña y es proveniente de países latinos. (Y que conste que no soy racista, pero no se puede negar que la mayoría de estos jóvenes saben de San Isidro lo que Intereconomía de buen periodismo). No saben ni lo que celebran. Lo importante es pillar cacho y pregonarlo en la red social de turno para demostrar lo activa que es mi improductiva vida. (Cosa que estoy harto de denunciar siempre que puedo, normal que me llamen pesado). Y esto se lo contagian a otros jóvenes, sean de Madrid o sean de Gotham City. Pueden celebrar la fiesta como cualquiera pero con un mínimo de respeto y conocimiento de ella. ¿O a caso uno va a celebrar una boda si no conoce a los novios?

Cuando estas "de-generaciones" les toque educar a las próximas la tradición que ahora solo ponen en manifiesto nuestros adultos y mayores será sustituida por la nueva tradición del alcohol y la música (si es que se puede llamar así) de Pitbull a unos decibelios más allá de los que unos tímpanos sanos pueden soportar.

Al final la dureza de la monja sirvió para algo, guste o no guste. Pero habría que replantearse como acabaran estas fiestas en el futuro... chavales de 30 años llevando a sus niños a las tantas de la noche a la Pradera a consumir como locos.

Aquí un ejemplo de lo como unos futuros doctorados llevan su día a día:


Lamentablemente esto es lo que se ve ahora en la Pradera, pero masivamente.

¡La generación mejor preparada!
...Mis cojones...

He dicho.

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