"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

domingo, 3 de junio de 2012

L'Inconnue de la Seine

Hace 132 años un cadáver fue encontrado a las orillas del Sena. No tenía signos de violencia, no había nada que hiciera sospechar que se había cometido un crimen. Sumado esto a la edad, que se calculó sería a lo sumo de unos dieciséis años, desde un principio estuvo claro que se trataba de un suicidio.
Los detectives encargados de averiguar la identidad del cadáver hicieron una máscara mortuoria de la cara, un molde de su rostro en yeso, y publicaron su imagen. Nadie identificó aquel cuerpo.


La falta de pistas sorprendió mucho a la policía: a pesar de la muerte, y de la terrible desfiguración que sufren los que mueren ahogados, el rostro era increíblemente bello: sus facciones, equilibradas, su expresión, serena, feliz; evidenciaba una felicidad casi sobrenatural, reflejaba una paz tan vasta que inquietaba.
Sobre ella se diría que era "como una frágil mariposa para nosotros, quienes, despreocupados y eufóricos, nos lanzamos a la llama de la vida, abrasando nuestras finas alas".

 
Tan hermosa era, que a los pocos años comenzó a popularizarse el busto de aquella máscara como un artículo de decoración. Toda la alta sociedad burguesa, y por supuesto todos los bohemios y artistas querían bustos en mármol de la joven ahogada en el Sena. Durante décadas fue estereotipo de belleza en Europa; un autor comentaba a principios del siglo XX: "toda una generación de jóvenes se han criado queriendo parecerse a ella".
Y así inspiró películas, novelas, a autores de todo Occidente: Camus, Nabokov, Rilke, además de escritores americanos, ingleses...
Pero el enigma de su sonrisa quedaría por siempre oculto: nunca nadie ha logrado averiguar nada de aquella joven.


Tiene el mundo un fino sentido de la ironía. O mejor dicho, un humor más negro que la muerte.
A mediados de la década del sesenta, se popularizó un muñeco para las prácticas de reanimación cardiovascular. El modelo estándar impuesto por aquel entonces, y que sigue usándose hoy, es una réplica del busto superior del cadáver de la llamada "desconocida del Sena".
Y así, miles, millones, cientos de millones de personas han besado sus labios, apretado su pecho; han querido salvarla vida de aquella chica que se mató hace ya más de un siglo; si por soledad o Amor, jamás lo sabremos.

Salvarla a ella, a esa pobre niña, que lo único que quería era morir.



Dicebant

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