Y llegó ese segundo en el que mientras estabas tú tranquilamente pensando en el tanga y en el sujetador de tu compañera de clase, justo la que se sienta a dos pupitres más adelante del tuyo, llega su amiga "simpática" y te dice:
-Oye, ¿y tú que vas a estudiar en la uni?
En ese momento dejas de verle las gomas de las nalgas a su querida amiga de tuenti (dado que en la realidad se llevan a patadas) y diriges tu mirada a su cara mientras parpadeas dos veces intentando digerir lo que te acaba de preguntar. No porque no te hayas enterado, que lo has hecho, sino que quieres asimilar que contestarle.
En un milésima de segundo se te pasa por la cabeza decirle que como todavía estas metido en Bachillerato, a vísperas de saber si llegarás a la temida selectividad debido a que la "encantadora" profesora de inglés no sabe si aprobarte por piedad dado que su asignatura es la única que suspendes porque en sus clases te dedicas a dibujar en el reverso del cuaderno, no has pensado en que elegir a la hora de matricularte en la universidad.
Y una milésima de segundo después te das cuenta que en el hipotético caso de que aprobaras inglés no solo tendrías que aprobar también la selectividad sino que además también tienes que sacar un mínimo de nota media para que te elijan en lo que tú quieres. Pero a la tercera milésima de segundo que ha pasado desde que ella te ha preguntado recuerdas que no hay ninguna carrera universitaria que realmente te entusiasme.
A ti lo que realmente te gusta es disfrazarte y usar tus diferentes y variados registros de voz para pasar un buen rato con la gente que tienes delante interpretando personajes ficticios cuyos diálogos son improvisados. No tienes sentido del ridículo porque desde bien pequeño lo hacías y a partir de los trece años se metían contigo por estar más pendiente de hacer el bobo para reirte tú que de empezar a buscar un grupo de amigos con los que quedar un viernes por la tarde para empezar meterte en el mundillo del botellón y las fotos con pose de tuenti. Aprendiste a digerir el escuchar la risa de gente que rie de ti o contigo.
No te gusta pasarte el día entre apuntes y libros durante cuatro o cinco años, estresándote por ese maremagnum de letras que hay que aprenderse antes de que te examinen. Todo para que te den la titulación en una cartulina sellada y un trapo llamado beca y así obtener un trabajo cuyo sueldo resulta ridículo como recompensa a tantos años sacrificio, (en mayor o menor medida).
Te preguntarás durante el resto de tu vida por qué te pasaste entre libros esos años en los que debías de estar disfrutando de la vida mientras tus padres te mantenían. Tienes que reconocer que es más fácil hacer el vago mientras otros dan el callo.
Aún así sabes que este mundo es cruel, es la ley de la selva, las especies dominantes son las que se comen a las pequeñas. Y que por ello, para poder vivir, debes trabajar, y para trabajar tienes que tener titulaciones con salidas laborales, por lo que tendrás que elegir una carrera cuya materia repugnas, tendrás que olvidarte de realizar aquello que te gusta. Todo porque eso que a ti te gusta no da para poder vivir en una país cuya ideología dominante es la fascista camuflada de lo que suelen llamar "neoliberalismo"; un país que apuesta antes por los macrocasinos en vez de en educación pública y en investigación y desarrollo.
En la trigésima milésima tu voz interior te dice: olvídate de los disfraces de colores, y ponte los disfraces de piel. Olvídate de actuar por diversión y poner voces graciosas, aprende a actuar para tiburones mientras sonríes a los que te darán una puñalada por la espalda en cuanto puedan. Las voces que pondrás no tendrán diferentes registros, solo diferentes timbres para lamer culos a poderosos.
Olvídate de estudiar lo que quieres porque no es una titulación universitaria. Eso no da para comer.
Optarás por una carrera que no te gusta, con compañeros a los que les pareces un bicho raro por no ir a botellones en bachillerato y en la ESO y a pubs y discotecas en la universidad. O directamente por no hablar de fútbol. Irás a clase a escuchar los mismos sermones de profesores quemados, hartos de tratar con borreguitos a los que les importa aprobar no aprender. Como cuando eras niño.
Pero oye, han pasado cuarenta milésimas y ahí estás delante de una cotilla de diecesiete años que, aunque diga que va a escoger periodismo, tú sabes le quedarán dos en segundo bachiller, se verá obligada a presentarse a los exámenes de septiembre y no podrá matricularse en la carrera de la que hacía publicidad desde 4º de la ESO. Ella llorará en Junio, y sus padres se enfadarán porque desde pequeñita la han enseñado a competir.
Estás con la mente en blanco pensando en que a ti te gustaría ser actor, animador, monitor, o cualquier cosa que suponga algo de dinamismo para no caer en la espiral de la rutina. Pero como eso no es una carrera con salidas, no quieres tirar por la borda el bachiller y la supuesta y futura selectividad y no quieres parecer un soñador delante de tus padres dirás que escogerás Administración de Empresas, que es la que crees que tiene más salida laboral.
En la milésima número cincuenta tu amigo Pepito Grillo te remata haciéndote imaginar que en un año después cuando estás metido en el primero de ADE, aguantando profesores quemados, compañeros que no son más que unos paletos con el dinero de papá, y suspendiendo asignaturas que repeles desde hace mucho, como por ejemplo matemáticas y economía, recordarás que el día que le mirabas el culo a aquella chavala dijiste que escogerías ADE y no lo que querías. Porque no eres un estúpido soñador que lucharía por una causa perdida, sino que eres un peón más del tablero, que serás sacrificado por el beneficio de otros más poderosos. Y que lamentablemente esa misma sensación y sentimiento se quedará el resto de tu vida.
Ha pasado el segundo completo y acabas diciendo:
-No me ralles ahora con eso. Por cierto ¿vas a ir este viernes al botellón de la Pradera de San Isidro?
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