"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

viernes, 2 de mayo de 2014

Conocía como eran las relaciones con los hombres


Conocía como eran las relaciones con los hombres, todos pensaban en su beneficio. Aun así seguía siendo adicta a ellos, eran los únicos que conseguían despertar su apetito y ella evidentemente despertaba el de muchos otros. Culpa de ello, su cuerpo sobre humano, su cintura y cadera, unas piernas que según se acercaban subían los latidos de los chicos que la veían. Tres pendientes en la oreja izquierda y otro en la nariz, un tatuaje por encima del vaquero que terminaba en el secreto del mundo.  Sus ojos, una mirada penetrante a la par que llamativa. Ella era una incógnita en sí misma y un objetivo para muchos pretendientes.

Se fue abandonando en el paso del tiempo, pero el tiempo seguía comportándose bien con ella. Sin cuidado alguno su cuerpo seguía siendo perfecto, seguían los hombres muriendo por dormir entre sus brazos, por despertar en su cama. Algunos privilegiados conseguían acompañarla y viajar al país de las delicias, donde solo unos pocos conseguían que ella también llegase. Su decepción con el sexo seguía creciendo con cada hombre que fingía poder más pero estaba seco, sin energía y muerto. Al principio solo sus símiles conseguían coronar su ombligo, llegar a ella y conquistarla. No abría sus sabanas a cualquiera, pero  eso cambio… Cambio hasta que la era indiferente la vulgaridad de sus amantes, quería disfrutar. Solo quería eso.

Pensó que tal vez sería culpa suya, que tantos hombres vieron su cama que se había olvidado del cuerpo de la mujer, del suyo propio. Probo otros métodos para el clímax… nada era eficaz. Sucumbió a la pereza, a la desidia. Dejo de sentir el apetito sexual típico de una adolescente. Dejo de pedir nada y solo pensaba en la condena que la había tocado vivir.

Una cafetería fue testigo del cambio de mentalidad, de pronto volvió a tener hambre. La culpable era una chica de otra tribu social. De otro nivel cultural. Rubia de pelo corto, labios pintados de rojo y un novio de la mano. Sus miradas se cruzaron en la mitad del salón, las dos pararon el reloj que descansaba encima de la barra. Se sintieron cerca y se vieron desnuda la una frente a la otra. El ordenador que estaba utilizando emitió un sonido a la vez que el novio tiró de la otra. Sus ojos jugaron al escondite durante el resto del tiempo, hasta que los tres pendientes se levantaron de su mesa y se fueron de aquel sitio.

El ambiente se respiraba húmedo, dos cuerpos fueron los culpables. La atracción dio paso a la excitación y esta última a la lujuria. Hicieron por verse otras veces, cada una a su manera y pensando que la otra no sintió nada. Que solo unos pantalones se apretaron y una cabeza deliró. Fue tan claro, diez segundo de sexualidad pura. Cuatro ojos mirándose, un tiempo que decidió pasar a segundo plano… Una blusa que se abría descosiendo los botones, una camiseta de tirantes que rozando el cuerpo subía para desaparecer. Dos mujeres, una frente a la otra deseándose y dos cuerpos encontrándose en una realidad paralela.

Sus respectivas tendencias sexuales no fueron cuestionadas por ninguna de las dos. La chica de los labios rojos seguía queriendo al novio que cogía su mano y el tatuaje seguía sintiendo el amor odio de los hombres. Tenían claro que el deseo y el amor van por caminos diferentes, o tal vez, no lo tenían claro pero querían pensar así. Y es que donde el corazón reina ningún cerebro cabe. Inconscientemente volvían a pensar la una en la otra. Los sueños eran ahora el lugar de sus encuentros, sueños tan profundo que no se acordaban de haberse dormido cuando despertaban y no estaban juntas. Una conexión especial, la que solo tienen los enamorados se formó entre ellas.

El novio a un lado se dio cuenta que no era correspondido, sus ojos ya no brillaban con sus palabras y voz se fue apagando en la distancia. La cama volvió a abrirse en busca de olvidar la casualidad. Nuevos hombres llegaron  pero ninguno caló tan hondo como una simple mirada. Quienes habían visto la forma del final del tatuaje no conseguían despertarla de su locura, no hacían de ella la misma que era antes.

Había mejorado, llegaban al delirio divino durmiendo la una con la otra. Los encuentros sexuales no fueron los únicos protagonistas, las cenas románticas, los paseos por ningún lado. Todo habían tenido y no se conocían.

La cafetería volvió a verlas coincidir, esta vez el desenlace fue distinto.

-Me puedes poner un café con leche, por favor.- Dijo la melena rubia al camarero del lugar.

-Que sean dos- Sonó desde la puerta mientras que también sonaba el ruido de la cafetera.

Volvió a surgir ese cruce de miradas que el primer día paralizó todo el local. Esta vez acompañado por una sonrisa y una recogida de pelo. Se siguieron, aun sin cruzar palabra entre las dos y casi de forma involuntaria se sentaron la una frente a la otra. En la mesa de la esquina, donde el ruido del ambiente no llega, donde la intimidad oscureció el resto.

-Carlota- Dijo una.

-Pilar- Contesto la otra. 

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