"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

martes, 13 de mayo de 2014

Luna.

Luna es solo para los niños, puros, inocentes, que no saben diferenciar el mal del bien. Luna se avergüenza de nosotros, de en lo que nos estamos convirtiendo poco a poco los mayores. Por eso está pálida...no soporta mirarnos y no sentir náuseas por lo que hacemos, las matanzas al prójimo y a los animales, a la vida en general. Las mentiras, la lujuria y los otros adorados seis pecados capitales, la desgastan y la dejan gris, blanca, sin color y triste.
Luna tan sólo se sonroja como el fuego cuando, alguna vez, una pareja de enamorados la conquista con piropos mientras hacen el amor bajo su frío cuerpo redondo. Solo entonces Luna se vuelve tímida, le gusta mirar y a la vez sabe que el amor le está prohibido. Es tan bonita que, por ello, no se deja tocar, no se deja mancillar por nadie. Es inalcanzable para cualquier mortal.
Pero ¿es así la blanca Luna feliz? No.
Si le preguntan ella contestará que no es feliz, es como la vieja Celestina que nunca encuentra su propio amor, es como una rosa inmortal encerrada en un frasco de cristal, amaría al amor si lo encontrara...pero, si realmente lo encontrara...¿sería feliz?
Aquí, en la tierra la mancillarían, la romperían y la despojarían de cualquier inocencia que pudiera tener...Ella NO es feliz...Pero al menos está lejos de esta pena de ciudad catastrófica, sádica, morada y negra de dolor y tristeza, ella está lejos del mal y la lujuria, ella crea amor y forma pasión, insta a los mortales y cambia estados de ánimo, pero está sola...Siempre lo ha estado, aunque estoy segura de que piensa que está mejor allí arriba, sola, sin que nada ni nadie le haga daño, lejos de esta verde, musgosa, dulce, agria y testada tempestad.
Mire.

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