Pero mira qué hora es y todavía no ha anochecido en lo alto del edificio de treinta y cuatro plantas y media, porque nunca se alcanza a ver el final desde la puerta que reza "salida de emergencia" y treinta y cuatro veces y media (porque en una de ellas llegaron los del chaleco amarillo) hemos intentado cambiarlo por un "entrada de emergencia", que no hay lugar donde nos sintamos más libres que en la azotea de las emergencias. Lo curioso que es verte saltar desde la escalera, mirándote desde el punto ese en el que parece que caes al vacío, y siempre se me para un segundo el corazón cuando pienso que lo haces de verdad. Nada me pone más que verte dando los últimos muerdos a la libertad que guardo en mis pómulos. Nada tienes que envidiar a la luna cuando te pones a su lado, celosa de que la mire a ella y no a ti. Y nada podría ser mejor que el instante en el que estallas como haciendo de estrella fugaz y los sueños se te cuelan por la espalda y te arqueas y para qué queremos más. Como la luz esa de "entrada de emergencia", que hace parecer tu nariz más pequeña de lo normal, pero bien que te gusta porque dices que parece que te agranda los pechos.
Pero qué más me da a mí eso si ya he aceptado la ruina de que te querría pese a tener para siempre los ojos cerrados, poniendo de punto de encuentro siempre la entrada de emergencia.
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"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.
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