"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

jueves, 19 de junio de 2014

DISTIMIARIO

Estas semanas he vuelto a ver las dos películas que en los últimos tres años más me han impactado. La primera ha sido SHAME, del director Steve McQueen, y la segunda LA VIDA DE ADÈLE, de Abdellatif Kechiche. Con el cine soy del tipo de espectador que repite. Veo una y otra vez las películas que me han conmovido, porque si son buenas sigue existiendo margen de profundización y si no lo son, suelen, normalmente, seguir generando algunas de las emociones que provocaron en su momento.

El resultado ha sido desigual. SHAME me ha parecido soberbia, de nuevo, una demoledora historia sobre un personaje que sufre un trastorno de adicción al sexo y que se esconde tras un blindaje de aparente normalidad. La llegada de su hermana hace que parte de su conducta salga a la luz y el disfraz de superhombre (apartamento estupendo, trabajo estupendo, vida estupenda) se rasgue por distintos sitios. Y si él es hipersexual, la hermana hiperemocional: siente la vida al máximo nivel hasta convertirse en insoportable. La película tiene un cierto componente moral, ya que el personaje principal siente culpa y vergüenza al no conseguir controlar los actos a los que le aboca su trastorno.
 
LA VIDA DE ADÈLE me ha parecido más monótona. Salí del cine, en su momento, sobrecogido con la historia y las actrices, y esta vez sólo el trabajo de estas últimas, que es fantástico, me sigue impresionando. La historia, de una gran veracidad, por otra parte, no se sujetaría de la misma manera si el director no hubiera conseguido el grado de implicación de Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, las protagonistas, con la película. Cada gesto, cada mirada, con una sensibilidad a flor de piel, logran seducir y contienen un grado de sinceridad que consigue atravesarte. La historia, un tanto más corriente, habla de cómo el tiempo va modificando los intereses de cada miembro de una pareja, y de la manera en que afrontan y viven los inevitables cambios.

En fin, siguen siendo mis dos películas de los últimos años: adultas, inteligentes y con enorme sensibilidad.

Que disfrutes.

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