"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

jueves, 31 de julio de 2014

DISTIMIARIO


DINO BUZZATI apareció fulgurante en el paisaje de nuestra relación, cuando mi expareja y yo aún nos queríamos. Más que el autor, una obra, EL DESIERTO DE LOS TÁRTAROS (Gadir, 2005), porque ella leyó otras suyas, poco después de quedarnos fascinados con la novela, y no le gustaron. Yo ni lo intenté. 
Hablo de esto por una cuestión personal. Acabamos de regresar del viaje que todos los años, desde que rompimos, hacemos con nuestro hijo. Lo llamamos la semana en común y, sí, tiene un cierto tufillo progre: además de estar con él, nos apetece que nuestro chiquillo vea que los padres separados pueden llevarse bien y tenerse afecto. Fueron muchas horas de viaje en coche y muchas conversaciones. Surgió el tema de si tuvimos un libro, como otras parejas tienen o tuvieron una canción, y coincidimos: el de Buzzati. Leímos la novela hace siete u ocho años y quedó asociada a un largo exilio profesional en Soria. 

EL DESIERTO DE LOS TÁRTAROS habla del oficial Giovanni Drogo al que destinan a la Fortaleza Bastiani, un enclave militar en la frontera que linda con un desierto, el desierto de los Tártaros, en el que nunca ha pasado nada. El ambiente onírico, cercano a la pesadilla en muchos momentos, el desperdicio de su vida en un lugar absolutamente monótono, y la continua postergación y falta de resolución del protagonista para abandonar la Fortaleza, siempre bajo la idea de que en el futuro las cosas serán mejores por sí solas, conforman un relato cercano al estilo de Kafka. Difiere de este en que no son las circunstancias externas las que someten al individuo, sino sus propias decisiones erróneas: la tumba se la cava el propio protagonista.

La edición de Gadir es una maravilla, muy cuidada, pero también la puedes conseguir en Alianza, en formato bolsillo, a mucho mejor precio. La obra original es de 1940 y hay una adaptación cinematográfica de Valerio Zurlini de 1976 que no merece mucho la pena, salvo por el elenco de actores.

No tengo claro que sea una buena lectura veraniega ―considerando lo veraniego como superficial, amable o fácil—, lo que sí puedo decir es que es una buena lectura para pensar.

Que disfrutes.

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