Es imposible no pararse a penar en aquellos que han muerto, aunque sea solo
un instante, aunque no se pueda hacer nada por su regreso. Es imposible
levantarse y seguir día a día como si nada hubiera pasado anoche. ¿Es o no imposible?
Twitter consigue mover más noticias que la mitad de los medios de comunicación,
mover tantas imágenes, tantos sucesos que nosotros mismos nos vemos ahogados
entre ellos. Y no es reprochable. ¿Pero verdaderamente a quien le importa lo
que sucede a mil, diez mil o cien mil kilómetros de su casa?
¿Somos incapaces de ver lo que sucede? Vemos lo que sucede, vemos cada día
lo que el mundo es capaz de hacer y nos hemos acostumbrado a ello. La muerte de
inocentes es el pan nuestro de cada día y mientras tanto… seguimos siendo
pobres.
¿No se daba cuenta el pueblo lo que hacía su gobierno? ¿Cuantas veces no hemos preguntado eso sobre
la Alemania nazi? ¿No se da cuenta el mundo lo que hace? El mundo desarrollado
ha llevado los campos de concentración rusos o alemanes a un nivel que son
invisibles. Invisibles de tanto verlos.
Cabe la hipocresía de pedir justicia… cabe la hipocresía de nombrarse
socialista o comunista, cabe la hipocresía de decir que el mercado puede
arreglar el mundo. ¿Acaso ese mercado puede resucitar a los que mato? ¿Acaso
nosotros podemos resucitar a los que hemos matado?
Políticos inmorales representan a ciudadanos inmorales, criticar es fácil cuando
no se mira uno a sí mismo, cuando el dedo acusador señala a otro. Criticar es fácil,
cuando la envida abre la boca y la razón vuela lejos de los hombres.
Un texto autocritico cuando el mundo no se calla, cuando opinar es libre,
cuando el dinero manda, cuando hasta los comunistas tienen sus marcas. Cuando
el niño que muere solo deja una foto y no una idea. Paz.
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