El tiempo ha ido más despacio y disperso. En el aire las
brisas cortaban las gargantas de los encapuchados que se atrevían a salir. Los
ronquidos viajaban sobre nubes de notas musicales dejando a su paso un color
marrón inspirador, como inspira la pasividad y las deudas, como lo hacen la
desesperación y la miseria.A su espalda cuatro niños y una madre abandonada, en sus
manos un mechero y una botella medio llena. Un edificio y cuatro verdugos del
sistema enfrente, para frenar su ímpetu y su fuerza, para devolverle al rebaño
del que se escapó.
Antes cuatro rayas blancas sobre un fondo negro. Una nieve
liberadora, que segrega adrenalina y fuerza, que ningún otro puede usar.
Gritos, preparación y un uniforme apagado, quien no tiene alma viste como le
ordenan y aplasta a quienes no callan.
Un encuentro, entre el gentío y la revolución cuatro ojos se cruzan en el desierto de la esperanza.
Hay quienes celebran y quienes esperan, quienes aclaman y quienes callan. Un
encuentro, cuatro ojos se miran entre el gentío y la revolución estalla en su
reflejo. Hay quienes luchan y quienes apagan.
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