Una compañera, del taller de relato breve
al que asisto, trajo a clase el libro que iba a empezar a leer, LAS PARTÍCULAS ELEMENTALES (Anagrama, 1999), de MICHEL HOUELLEBECQ. Lo había sacado de la biblioteca donde se
imparte el taller y era la edición que yo conocía, Panorama de narrativas de
Anagrama, 1999.
Leí toda la obra de ficción de este autor,
sus seis novelas, en un periodo de un año. Cuando vi el libro, y mi compañera me
dijo que iba a comenzar su lectura, pensé “qué suerte, va a descubrir a
Houellebecq”; un poco como lo que piensas cuando alguien visita una ciudad que tú conoces bien y que,
en su momento, disfrutaste con intensidad. Pero también me vino a la memoria ese año de
mi vida, complicado y de intensos cambios, al que este escritor
quedó ligado.
Houellebecq es un autor controvertido.
Me cuesta aconsejar su lectura a nadie y, de hecho, si lo hago, no recomiendo
empezar por la que, para mí, es su mejor obra, LAS PARTÍCULAS ELEMENTALES, sino por la más suave e irónica, EL MAPA Y EL TERRITORIO (Anagrama, 2011).
Aún recuerdo que cuando una antigua amiga me preguntó por qué me gustaba tanto,
iba yo por su tercera o cuarta novela, no supe muy bien qué responder. Pensándolo
ahora, creo que sus escritos destilan parte de la esencia del hombre occidental,
aunque, eso sí, la esencia más negativa: sus miserias, su soledad, su insatisfacción, su egoísmo narcisista. En aquel momento me vi reflejado en un
espejo distorsionado y bastante humorístico, tiene mucho humor, aunque no lo parezca,
y sentí que aquella imagen también era la mía.
Puede que su manera de mirar sea sesgada
y que la vida que representa, a través de sus personajes, esté distorsionada
tendenciosamente, pero se trata de un autor inteligente, con una capacidad
de observación muy precisa, que saca a la luz una realidad que está ahí y forma
parte de nosotros mismos.
Si te apetece asumir riesgos, léelo.
Que disfrutes.
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