"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

viernes, 23 de mayo de 2014


Diez años sobre la espalda del niño y cuatro veces más sobre la del padre. Un camino mal iluminado por las farolas que descansan en lo alto de las aceras los conduce hasta su casa.
-Hijo, ya queda poco.
-Sabes papá, ya sé que seré de mayor.
El padre se detiene, le excita saber que su hijo tiene un sueño, que sabe cómo será su vida, aunque esta meta sea eliminada de sus recuerdos dentro de unos años. La fuerza con la que el niño habla conmueve al padre que siente como su orgullo empieza a brotar.
-Cuéntame hijo.
-Quiero ir a la universidad y ser escritor.
Sorprendido, el padre no sabe cómo contestar al hijo. -¿escritor? De esos hay muchos hijo, y pocos valen la pena.-
-Pero yo quiero serlo…
-Hagamos un trato ¿quieres?
-Vale
-Se el mejor escritor y yo haré lo imposible para que vayas a la universidad.
El hombre en una mezcla de sensaciones, desilusión por no poder cumplir la promesa que le hace al pequeño y a la vez ilusión por saber que quiere ser su hijo. Mira sus manos ásperas y trabajadas, decepcionado consigo mismo. Ve a su hijo pasar frio mientras anda con los pies cansados y sin fuerza, y le da su abrigo.
-Ya queda poco cariño
-Lo sé, lleva quedando poco desde hace mucho
-Menos queda
Un coche, rojo metalizado, pasa por su lado a una velocidad que solo los estúpidos ponen en ciudad, pisa un charco formado por el agua que caería alguno de los días pasados y les salpica. Antes de que el agua contacte con el niño, el padre se pone entre medias e impide que se moje.
-Gracias papi
-He dicho que haría lo imposible para que llegaras a la universidad- Ríe, el hijo también lo hace.
 -Me acuerdo cuando íbamos a la casa del pueblo en coche, que viajes tan largos.
-¿Es mejor andar verdad?
-Diferente, en el coche no pasaba frio.
-Ahora haces deporte.
-¿Por qué vendiste el coche?
-Para hacer deporte, si vas en coche a todos los lados engordas hijo.
-Cuando sea escritor tendré diez coches.
Se ríen juntos, la felicidad que irradia el pequeño contagia al padre que por un momento se olvida que está en la calle. Se abrazan y un pensamiento en forma de lucidez invade la cabeza del padre. “Ojala pueda comprarte aunque sea solo un coche, ojala puedas ir a la universidad”
-Sabes hijo, yo también tenía un sueño cuando era un niño como tú.
-¿Cual papa?- Ahora el excitado era el hijo.
-Abrazarte…- Tuvo el mismo sueño que su hijo, ir a la universidad. Pero él no consiguió cumplirlo, como seguramente tampoco pueda cumplirlo el niño. No puede decirle que los sueños para los pobres son imposibles y que solo son eso, sueños.
-¡Que suerte papi! Lograste el tuyo-
-Si hijo- ríe- Te abrace…-
-Yo también lograre el mío- La firmeza con la que habla el niño es alentadora, a ratos consigue despertar en el padre el mismo sentimiento. Se cree que todo puede conseguirse, como si fuera posible el mundo para él.
-¿Te digo una cosa? Los sueños solo se cumplen si crees en ellos.- La creencia y la fe poco tienen que ver con los sueños, la verdadera frase, que le pasa por la cabeza al padre aunque no la diga, era otra distinta. “los sueños solo se cumplen si puedes mantenerlos” otro pensamiento ronda ahora sobre él. ¿Un niño merece saber que está condenado al fracaso? No tenía respuesta para ello. Pero tampoco quería ser el verdugo de su hijo.
- Lo sé, por eso creeré mucho en el mío
-Lo conseguirás hijo.
Mientras estaban hablando, iban andando y sin darse cuenta. Acaban de llegar a su portal. La luz de la entrada estaba fundida, la mayoría de los buzones descolgados o sin puertas y cables por fuera de las paredes. En la esquina superior derecha estaba el suyo, una carta se dejaba ver por la rendija del buzón. El padre lo abre y saca la carta.
Aviso de desahucio.

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