"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer."
Mariano José de Larra.

jueves, 8 de mayo de 2014

DISTIMIARIO



Pretendo hablar cada semana de lo que me gusta, de lo que me hace sentir bien, y también de lo que no. Parto sin pretensiones ni ideas preconcebidas, me voy a dejar llevar, y espero que mis cambios de rumbo te resulten interesantes.


Leyendo la semana pasada a NICK HORNBY, ALTA FIDELIDAD, me cruzo con este comentario de su personaje principal, Rob Fleming, en una de sus páginas: “Siempre dicen lo mismo. Siempre, siempre dicen que no tiene nada que ver con otro. Me juego lo que quieras a que si Celia Johnson se hubiese largado con Trevor Howard al final de Breve encuentro, le habría dicho a su marido que no tenía nada que ver con ningún otro. Es la primera ley del trauma romántico […]”. Habré visto la adaptación del libro de Hornby, dirigida por Stephen Frears, unas cinco o seis veces y todavía me sigue haciendo gracia: los actores trabajan muy bien y el guion es muy fresco. La verdad es que el libro de Hornby se presta a convertirse en imágenes, pero no todas las adaptaciones funcionan, sobre todo porque no siempre los guionistas saben qué hacer con las historias ajenas. En este caso aconsejo la lectura del libro, que ha sobrepasado la adolescencia y va a cumplir diecinueve añitos de su publicación, y la película, que mantiene su desparpajo intacto después de catorce desde su estreno.


BREVE ENCUENTRO (DAVID LEAN, 1945) es magistral. Contada en un extenso flash-back, es de las primeras películas que utiliza la voz en off en primera persona. Esconde una historia de amor muy intensa entre Laura y Alec, ambos casados, y digo que esconde porque está inmersa en la narrativa que se realizaba bajo el Código de Producción, o Código Hays, el tipo de censura del cine estadounidense de  aquella época, que se extendió hasta la segunda mitad de los años sesenta. El código en cuestión marcaba pautas que impedían mostrar besos o abrazos demasiados explícitos, que un matrimonio durmiera en la misma cama o, por descontado, que una relación extramarital apareciera en pantalla. Celia Johnson y Trevor Howard, los dos actores protagonistas, consiguen que a través de las costuras del código nos golpee de lleno la profundidad de su pasión. El vehículo que lo permite es la cuidada y precisa puesta en escena de David Lean: a veces las limitaciones desarrollan la creatividad, este es un claro ejemplo.

Que disfrutes.

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