"-¿Has visto Ocho Apellidos Vascos?
-Si
-¿A qué es buenísima?
-A mi no me pareció para tanto.
-¿Qué dices? Pero si es genial."
Parece que si a uno no le gustó Ocho Apellidos Vascos, es porque es un bicho raro. Un outsider el cual debería sentirse avergonzado de no haber disfrutado de la comedia de Dani Rovira. ¿Le faltará sentido del humor?
Nadie puede discutir el éxito de la película de Emilio Martínez Lázaro. Ocho Apellidos se ha convertido en un fenómeno. Esto se debe gracias al paraguas de telecinco, a su tono amable con humor sano, sus claras referencias a la actualidad, y a sus estrellas principales. Pero el boca a boca es y será mejor publicidad de cualquier producto. Tanto como para convertir a esta modesta película española en la más taquillera de todos los tiempos, dejando atrás a Torrente o a la primera entrega de Mortadelo y Filemón.
Pero... ¿es para tanto?
¿Es merecedor de tanto bombo y platillo un filme cómico con una estructura nada nueva? Bueno, algo novedoso si que tiene.
La novedad que aporta es que habla (superficialmente) sobre la incapacidad de los españoles en entender la pluri-culturalidad de nuestra nación, nuestros diferentes modo de vida y perspectivas. Que son precisamente lo que nos hace más ricos como pueblo. Claro, que no termina de adentrarse mucho sin miedo en el tema para no ofender. Lo trata amablemente. Se hace notable que le falta un pequeño empujón para atreverse a mojarse del todo. Recure al chiste del tópico y ya se da por satisfecha.
Lo que cumple en el humor gamberro "romántico" es lo que le falta de más mala leche para hablar sin pelos en la lengua sobre nuestra cabezonería y nuestro terrible complejo de patria chica.
Pero más allá de aportar algo de actualidad con chistes sobre nuestras regiones lo que nos cuentan no es nada nuevo.
Si señores, si. Digámoslo bien claro. Ocho Apellidos no es nada nuevo.
No hay nada novedoso en una comedia romántica cuya estructura se basa en el A, B y C:
Dos personajes emparejados de "mundos" distintos enemistados, uno de ellos se somete a la tensión de conocer al suegro de armas tomar, para que al final se rompe la pareja y uno de ellos realiza un sacrificio X para pedirle perdón al otro.
Lo bueno que tiene es que lo que le falta de originalidad lo compensa con el humor y la simpatía.
Simpatía generada gracias a su cast principal. Con dos actrices principales que cumplen con buena nota, y con un sobresaliente Karra Elejalde a su lado, el portador del estandarte del protagonismo y núcleo humorístico no es otro que Dani Rovira. Que si por a alguien no le había quedado claro, es uno de los mejores cómicos actuales de España, el cual es imposible que caiga mal a cualquiera que no tenga nada roto en la cabeza. Rovira es el arma no secreta de la película para engancharte del todo.
Vivimos en una época en la que nuestra sociedad necesita reírse para evadirse, en concreto reírse de si misma. Y es precisamente lo que ofrece Ocho Apellidos. Algo muy positivo, pero tan poco muy memorable por muy simpático que nos resulte.
Por mucho que esté nuestro querido Dani Rovira, no deja de ser una comedia románica más, mejor desenvuelta, con más personalidad, con la particularidad de estar envuelta con crítica social usando nuestros tópicos.
Pero la respuesta es no. No es para tanto, aunque si es divertida. Y eso, es lo que cuenta.
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Mariano José de Larra.
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