Hay pasiones que son como el fuego, lo llenan todo de luz y
calor. Eso le debió pasar a Luisito cuando a sus cinco años se plantó en el
Museo de Ciencias Naturales frente al diorama de un lince ibérico. Ese día su voraz
curiosidad desbordó la sapiencia de su abuelo y, tres años después, lo tenía
claro: como futurible taxidermista. A los dieciocho ya dominaba el oficio, y por sus
manos rápidamente pasaron jabalíes; águilas; ciervos… en una incontable
inversión de horas.
Lo extraño de todo fue que sacara tiempo para seducir a
Lola. En un principio se mostró quejicosa ante el aparente abandono que sufría,
pero las pasiones, como el fuego, se extienden rápidamente y ella se contagió
de tal manera que pronto lo acompañó diariamente, para observar absorta la
pericia de su marido ante tan complejo arte.
Después de tres décadas juntos, ya ha visto disecar tigres,
rinocerontes, elefantes y actualmente es complicado saber quién siente más
pasión pues cuando éste abandona el taller, ella sigue sobre la silla con ese
rictus de felicidad tan suyo.
Hay pasiones que son como el fuego, lo llenan todo de luz y
calor. Eso le debió pasar a Luisito cuando a sus cinco años se plantó en el
Museo de Ciencias Naturales frente al diorama de un lince ibérico. Ese día su voraz
curiosidad desbordó la sapiencia de su abuelo y, tres años después, lo tenía
claro: como futurible taxidermista. A los dieciocho ya dominaba el oficio, y por sus
manos rápidamente pasaron jabalíes; águilas; ciervos… en una incontable
inversión de horas.
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