Los parpados violaron la mañana.
Recogí los sueños de la cama
los guardé debajo de la almohada.
En la ducha lavé mi despecho.
Calcé mis recuerdos, en mis cabellos.
Bajé al kiosco y página por página busque tus labios.
Esperé encontrar tus ojos en los pies de fotos.
Letra por letra busqué tu sonrisa
entonces contando los te amo del otoño
fui a la Cibeles.
Frente al Prado me dije que no existías,
Frente al Thyssen te visualicé contando mis poros
despidiendo la noche.
Subiendo en el ascensor del Reina Sofía te dibujé en la explanada,
cuando bajé te habías marchado.
Tu piel se me mezcló con la del Retiro.
En la puerta de Alcalá besé tu ausencia.
En Colón sentí tu estaca en mi pecho.
Te maldije.
Y por el paseo de la Castellana traté de sacármela.
En Chamartín envié sin destino la silueta de tu respiración.
Llegó la noche y me fui a la luna
alrededor de un cráter me detuve a esperarte,
a mendigarte un beso.
Busqué en la Plaza Mayor,
en Lavapiés,
en el Parque del Oeste.
Al final te encontré en Sol cobijándote en el Madroño
acariciando al oso.
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