La bruma de las letras
clava la tinta en
el folio.
Las palabras
desangran la esperanza
de una niña frente
a la estilográfica.
El cajón de negro
y personal
es nido de
infrecuencias.
La voz del oso
ahoga el rugido
del espíritu
errante que quiera hablar.
La historia yace y
los escritos
desaparecen en los
abismos del olvido.
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