TARDES DE DOMINGO
A veces, la tierra se abre,
me arruga el aliento
y creo caer.
Entonces, extiendes tu cordura
como el mantel en El Retiro
y sonríes de lado.
A veces, me arranco los dientes
y no puedo lamerte la sal.
Me dices que no importa,
que esperas tranquilo
con té frío entre las manos,
mientras, te coses el vientre.
A veces, necesito un verso
donde posar los pies,
uno libre, sin rima,
para darte mis ojos,
para dejar que tu cuarto
y el mío compartan pared.

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